Cuadros pintura de Durero y Munch

Donde nace la pintura

El saber de la piel

REDACCIÓN
Marusela Granell

Alberto Durero, (Autorretrato 1493) el más famoso de los renacentistas alemanes y Edvard Munch (Madonna 1895) el artista noruego que influyó tantísimo en los expresionistas alemanes de comienzos del S.XX comparten algo más que un oficio. Entre el autorretrato de Durero y la Madonna de Munch han pasado 400 años, y sin embargo parecen (desde mi punto de vista) contemporáneos en un sentido, o mejor dicho, parecen pintar desde el mismo estado creativo.

Autorretraro de Alberto Durero pintura de 1493
Autorretrato 1493 (Autorretrato con flor de cardo) – Alberto Durero
Madonna pintura de Edvard Munch de 1894
Madonna – Edvard Munch 1894/1895

Semejanzas entre las obras de Durero y Munch

Alberto Durero y Edvuard Munch parecen querer expresar cuestiones que tienen que ver con el saber de la piel:

  • Los labios: miremos, para empezar con atención los labios, dibujados, sonrosados, sensuales; por el color y la forma son muy parecidos, pero además, los dos labios evocan esa idea renacentista de la elegancia entendida como “El control de las pasiones” como hemos reconocido tantas veces en la sonrisa contenida de la Mona Lisa. Aunque ellos no esbozan una sonrisa, si no que esbozan un beso contenido en los labios. Munch evidentemente participa de esa elegancia, y eso es lo que yo busco en el arte, aquello que une a los artistas y no lo que los diferencia.
  • El color: el rojo anaranjado del tocado de las cabezas, es ese rojo cuya sombra es intensa, es el rojo intenso de las túnicas budistas, pura energía. Es el rojo bermellón, mezcla de mercurio y azufre en el origen. 
  • La composición: finalmente usan el mismo color para enmarcar la escena, en el caso de Durero vemos caer una cinta por el lado izquierdo de su rostro para luego asomarse por su hombro derecho, rodeándolo. Y también ocurre con el tocado-aureola de la Madonna de Munch, se intuye a través de la melena oscura y enmarca con un círculo su rostro. (Aunque no lo vemos en este fragmento, la Madonna de Munch tiene sonrojados con el mismo color sus pezones y su ombligo).
  • La evocación: el autorretrato de Durero mira sin querer mirarnos, sintiéndose hermoso, y ella, la Madona, sencillamente siente. 

Esta es mi idea de la historia del arte, la que permite plegar el tiempo y contemplar a los artistas como si pertenecieras a un mismo y único periodo, el verdadero arte es atemporal.

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