Los cierres perimetrales y el paraíso a un paso de distancia

READACCIÓN
Alicia Macías

Resulta que la pandemia nos ha traído alguna que otra cosa positiva. Y no hablo solo del aluvión de momentos sentimentales a los que nos hemos visto expuestos. Hablo de la sensación de un tal “auto descubrimiento” que además de hacernos ver y conocernos más a nosotros mismos, también nos ha abierto los ojos a nuestro alrededor, siendo más conscientes de todo lo que nos rodea y lo que nos perdíamos sin querer.

Reconozco que me ha pasado en primera persona. Llegaban mis vacaciones y ansiaba comprarme un billete de avión con un destino lo más lejos posible y a poder ser, con un toque exótico. Descubrir otros países, otras culturas… todo esto nos ha atraído siempre. Y seguirá atrayéndonos toda la vida, pero hemos descubierto algo más. Hemos sido capaces de percibir lo que tenemos al lado. Lo que más nos gusta de lo nuestro.

Y es que… lo de aquí, lo cerquita, lo cotidiano. También puede ser un paraíso.

Todos sabemos que tenemos ciertos puntos de ensueño en nuestro mapa. Baleares, las Islas Canarias, el Norte, el sur… no os estoy contando ninguna novedad. Pero lo cierto, es que nos hemos visto motivados a conocer hacia dentro. Nos han cerrado las carreteras, nos han cortado la movilidad… y aun así gracias a nuestro deseo impetuoso de viajar hemos podido descubrir paraísos a la vuelta de la esquina.

Coger el coche y darte cuenta de que tienes lugares de ensueño a solo un tiro de piedra. Darte cuenta de que los cierres perimetrales, la pandemia, el estado de alarma y toda esta nueva jerga que nos rodea, nos ha permitido conocer nuestra tierra mejor y disfrutar de ella como un turista más.

Hemos empezado a ser extranjeros en nuestra propia ciudad. Hemos recorrido rincones que no teníamos ni idea de que existían… pero además, hemos disfrutado haciéndolo. Hemos gozado de la espontaneidad y de lo cercano. Y hemos recorrido lugares que nos transportan a nuestra infancia.

Creo sin duda que estamos disfrutando de esta nueva cara de la moneda. Cambiando las distancias, rodeándonos de sencillez y saboreando la vida desde un punto de vista mucho más simple, sin pretensiones y con espontaneidad.

Tengo ganas de viajar, de coger un avión rumbo a un lugar desconocido a miles de kilómetros… pero admito que esta nueva situación, esta burbuja que nos han creado, ha sido un empujón para descubrir y conocer paraísos a los que puedo llamar casa.

Que no se nos olvide nunca todo lo que hemos aprendido con estos momentos tan turbios. Que seamos capaces de valorar lo que tenemos, de saborearlo y de vivirlo con humildad. Y es que al final parece que aquella película tenía razón: “como en casa, en ningún sitio”.

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