Esqueleto de Tiranosaurio Rex en el interior de un museo. Poppyns Magazine

Mis reflexiones: PROHIBIDO TOCAR

Redacción
Jorge Herrero

Al busto de Nefertiti se la suda el confinamiento. Al igual que a la Gioconda, o a los fósiles de dinosaurio… o al resto de obras y objetos intocables que vemos en los museos. Para esta gente lo de la distancia mínima obligatoria es un paseo en barca, se pasaron el juego hace años. No es que me lo hayan dicho, pero lo sé.

Sólo hay que pararse a pensar. Si un par de meses en casa se nos están haciendo eternos, imagínate tirarte varios siglos encerrado en una vitrina, sin terraza, sin Netflix, sin harina para bizcochos y más quieto que las rodillas de un Playmobil. Además, y por si esto fuera poco, todo el santo día viendo desfilar turistas, y venga turistas… con sus ropas de colorines y sus caras de sepia. Pues eso, un puto agobio. Por lo tanto, yo creo que unas cuantas semanas a su aire les van a venir genial para desconectar, incluso para soltarse un poquito la melena. Que les apetece bostezar o rascarse un ojo, pues oye, ahora lo pueden hacer; que quieren charrar un rato con el de la vitrina de al lado, pues adelante. Total, a ellos lo de estar cerca de la gente como que no les va, así que mira, todo ventajas.

Esqueleto de Tiranosaurio Rex en el interior de un museo. Poppyns Magazine

Lamentablemente no podemos decir lo mismo de los pasamanos, o de los pomos de las puertas. Ellos nos necesitan y les estamos dando la espalda o, en el mejor de los casos, el codo. Objetos que viven de nuestras caricias, que esperan con entusiasmo nuestros manoseos, y que ahora únicamente reciben malos gestos y miradas de desconfianza. Los mismos pasamanos que tantas y tantas veces evitaron que rodásemos escaleras abajo al volver de fiesta… los mismos pomos que nos abren rápidamente la puerta del baño cuando nos meamos encima, o nos ayudan a cerrarla cuando la cosa va para largo. Es muy injusto, demasiado, pero no nos queda otra… ¿o sí? Quizá podríamos, no sé, adoptarlos… llevárnoslos a casa para que jueguen con nuestros propios pomos y evitar así que se sientan tan solos. También podríamos hablar más con ellos, sentarnos a conversar un rato a su lado, manteniendo la distancia de seguridad, obviamente, pero lo suficientemente cerca para alegrar sus diminutos corazoncitos. Podríamos aplaudirles también a ellos, claro que sí, que en estos días de dolor e incertidumbre agradecerán más que nunca el calor de unas manos. Algo es algo, ¿no crees?

Y bueno, qué decir de nosotros. Lo de “prohibido tocar” nos ha roto los esquemas, desde luego, pero creo que muy pronto saldremos de esta. Volverán los asideros del bus, las barras del metro, las barandillas y los pomos… y cuando todo esto no sea más que un mal recuerdo, volveremos a las calles, a las plazas y a fastidiar a Nefertiti, que tal vez para entonces nos eche un poquito de menos.

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