Reflexión post sol y playa

El tiempo de recoger la sombrilla y sacar de nuevo los pinceles ha llegado.

REDACCIÓN
Gisela Talita

El final del verano es para mí siempre un punto de inflexión. Siento como si se tratara de otro año nuevo que tenemos, el cual lo podemos aprovechar para marcarnos nuevos objetivos y hacer repaso de lo transcurrido hasta ahora. Lo que pasa es que este 2020 está siendo una confusión total, y los objetivos que me marqué allá por enero se han ido al garete. Planes, proyectos, ideas…muchas de estas cosas se han retrasado, desplazado en el tiempo o incluso eliminado para siempre. Escucho y leo muchos comentarios y textos que dicen que vivimos en un futuro incierto.

Desde luego, la situación es muy insegura y la predicción borrosa pero, no puedo evitar preguntarme a mí misma, ¿no será que soy demasiado rígida con mi porvenir? ¿Me preocupo demasiado por cosas que no han ocurrido todavía?

Por no mencionar las otras preguntas que me planteo casi diariamente en lo referente a mi obra personal, como por ejemplo, ¿perdurará en el tiempo esto que hago? ¿o dentro de 70 años alguien se topará con mi ‘Ocelote en ficus’ en un mercadillo y lo comprara por 4 chavos? ¿Para qué sirve todo en lo que invierto mi tiempo?

Hay dos cosas a las que creo que todos los creativos aspiramos. Una, poder expresar nuestro ser y pensamiento a través de nuestras piezas y la otra, ser reconocidos por ello. Quienes digan que le importa poco la opinión pública sobre su trabajo, miente. Y es que todos necesitamos sentirnos valorados. Sin embargo, precisamente esa parte de nuestra naturaleza es la que mayor dolor conlleva a veces.

La presión de ser mejor en un lugar donde cada vez hay más competencia en casi todos los ámbitos profesionales y sobre todo, la auto-comparación a la que nos sometemos nosotros mismos nos puede perjudicar incluso más que el hecho de pasar una época de sequía creativa.

Si eres una persona un poco mudable, habrá días en que ver trabajos ajenos te llenará de autoconfianza y orgullo y otros en que será devastador para tu autoestima. Y eso me lleva a preguntarme de nuevo, ¿para qué hago lo que hago?

Por fortuna, estos tiempos de incertidumbre sirven para valorar, saber ver y aferrarnos a esas cosas que de verdad tienen importancia. No es transcendental cuánto tienes, sino cuánto vale para ti lo que tienes. El valor que quieras darle a lo tuyo será la moneda de pago para aquellas cosas que realmente te harán feliz en la vida.

Esto no es un texto para deciros que la felicidad está en la familia, los amigos y la salud, no. Esto es una reflexión para sentarnos a pensar sobre qué es aquello que realmente se merece que invirtamos nuestro tiempo y amor, para que después cuando recolectemos eso mismo nos venga por multiplicado.

¿Y vosotros, también le dais vueltas a la cabeza en el mes de septiembre?

Ilustradora, artista
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