Tupper de plástico con resíduos plásticos como bastoncillos de las orejas, aplicadores de tampón y palos de piruletas y chupa-chups recogidos en la arena de una playa. Poppyns Magazine

El otro viaje

Redacción
Emilio Beladiez

Todo viaje tiene un principio y un final, pero todos sabemos que lo interesante de viajar es disfrutar del recorrido. Por desgracia no siempre se puede y no siempre esos viajes son a sitios paradisiacos.

¿Alguna vez habéis pensado en el viaje que hacen nuestros residuos higiénicos? Pues me gustaría guiaros por el fascinante mundo de los bastoncillos de oídos y cómo acaban en nuestras playas.

Así es, cerca de 1.500 bastoncillos se recogen cada hora en la Playa de la Patacona.

Mucha gente se pregunta si es por la costumbre que tienen las personas de la zona de irse a la arena a lavarse las orejas, pero no existe tal costumbre. La explicación más lógica y la única verdadera, es la que te cuento aquí.

Pequeños gestos como el lanzar una colilla al suelo en vez de a la papelera o cenicero más cercano, identifican a la raza humana actual, no es extraño de imaginar que también hagamos algo parecido con nuestros residuos higiénicos que lanzamos al váter en vez de a la papelera.

Bolsa de plástico con residuos plásticos recogidos en la arena de una playa. Poppyns Magazine
Foto: Rafa Beladiez

Pensamos que ese portal mágico lleva a otra dimensión en la que todo es azul y el papel higiénico, preservativos, aplicadores de tampones y nuestros protagonistas desaparecen para ir al cielo de los productos de limpieza. Desafortunadamente esto no es así, ya que una vez pasamos ese portal misterioso, acabamos en un laberinto de cañerías que gestionan todas las aguas residuales de la ciudad. Una vez llegan a las estaciones depuradoras de aguas residuales (E.D.A.R.), estas no son capaces de retener todo el volumen que llega y a veces ocurren pequeños desbordamientos.

Podríamos ver la analogía en un hotel de Benidorm en temporada alta donde las personas van en manada a registrarse y se encuentran sin una habitación libre y tienen que seguir buscando alojamiento. Pues así continúa el viaje de los bastoncillos, que además por tener una densidad menor a la del agua, flotan y son muy difíciles de parar por las cámaras de decantación de las E.D.A.R..

Tupper de plástico con resíduos plásticos como bastoncillos de las orejas, aplicadores de tampón y palos de piruletas y chupa-chups recogidos en la arena de una playa. Poppyns Magazine
Foto: Rafa Beladiez

Superando todas las pruebas físicas que le pone el sistema, nuestros largos y escurridizos protagonistas acaban siendo expulsados al mar a través de los emisarios submarinos, que son unas cañerías increíblemente grandes, que pueden ser subterráneas o estar al descubierto, que entran un mínimo de 500 metros dentro del mar y escupen esas aguas tratadas. Podría parecer que ya hemos llegado a nuestro destino y que podemos deshacer las maletas para bajarnos a la piscina o pasear por las inmediaciones del hotel, pero entonces ¿qué tipo de vacaciones serían?.

A continuación, nuestros protagonistas inertes se dejan llevar por la magia de las corrientes y el oleaje de nuestro mar Mediterráneo, surcando las masas de agua como si de una atracción de feria se tratase. Hasta llegar a la primera línea de tierra, el destino final, la orilla. Son acompañados por la fuerza de las olas y el murmullo del viento hasta encontrarse con alguna barrera física sea una duna, un arbusto o cualquier otro residuo que haya en la playa. Quizá no es el viaje que esperábamos, quizá nos hemos olvidado que si no tenemos cuidado con los pequeños gestos cotidianos cada vez será más difícil disfrutar de unas vacaciones en playas paradisíacas sin tener bastoncillos, y a sus “amigos”, con nosotros.

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